Sabado, 27 de noviembre de 2021

Opinión17 de octubre, 2021

Ana Ortiz García: "Los tratamientos biológicos y los fármacos sintéticos dirigidos han supuesto una revolución en el abordaje de la AR"

Dra. Ana Ortiz García. Ana Ortiz García, reumatóloga del Hospital Universitario La Princesa(Madrid) y portavoz de la Sociedad Española de Reumatología.

La artritis reumatoide implica costes elevados, directos e indirectos, que pueden amortiguarse con una adecuada atención

Sociedad Española de Reumatología (SER)

La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria que, aunque afecta preferentemente a las articulaciones, en algunos enfermos, puede afectar a otros órganos por lo que, en realidad, se trata de una enfermedad sistémica.

La causa de la enfermedad no se conoce con exactitud aunque sí se sabe que, en una persona genéticamente predispuesta, la acción de distintos factores ambientales, algunos como el tabaco claramente relacionados con la enfermedad, puede desencadenar su aparición.

Afecta a un 0.5 - 1 % de la población adulta, es más frecuente en las mujeres, dos mujeres por cada varón afectado, y, aunque puede iniciarse a cualquier edad, lo más habitual es que la enfermedad debute en la edad media.

Las manifestaciones clínicas más típicas son las derivadas de la afectación articular. El inicio puede ser brusco o más larvado y el cuadro consiste en dolor y aumento de volumen de las articulaciones afectadas a veces acompañados de enrojecimiento y aumento de la temperatura. El dolor, a diferencia del que aparece en los procesos degenerativos, predomina con el reposo articular y se acompaña de rigidez tras el mismo, síntoma típico de la enfermedad. Aunque las más frecuentemente afectadas son las de las manos y los pies, cualquier articulación con membrana sinovial puede verse implicada. Esto incluye todas las articulaciones del organismo excepto las del esqueleto axial de las que sólo una de las de la columna cervical tiene dicha membrana. Este cuadro inicial, sin un tratamiento y un seguimiento adecuado, deriva en el deterioro de la articulación con lesión de todos los elementos que la componen, cartílago, hueso, ligamentos y tendones lo que se traduce en deformidad y deterioro funcional. Pero, como se dice anteriormente, la enfermedad no se limita a las articulaciones y el proceso inflamatorio puede afectar a otros órganos como la piel, el ojo, el pulmón, el riñón o el corazón. Además, los pacientes con artritis reumatoide presentan, con mayor frecuencia que las personas sanas, algunas enfermedades como la osteoporosis o la afectación cardiovascular lo que, junto con la enfermedad, condiciona un deterioro de la calidad de vida y un aumento de la mortalidad en estos pacientes.

"La AR afecta a un 0.5 - 1 % de la población adulta, es más frecuente en las mujeres, dos mujeres por cada varón afectado, y, aunque puede iniciarse a cualquier edad, lo más habitual es que la enfermedad debute en la edad media."

Todo lo anterior supone que, sin un tratamiento y seguimiento adecuado, las consecuencias son importantes. La artritis reumatoide implica costes elevados, tanto directos como indirectos, derivados del gasto farmacéutico, los gastos asistenciales y las consecuencias laborales y sociales que, sin duda, pueden amortiguarse con una adecuada atención a estos pacientes.

Aunque algunas pruebas analíticas, como el factor reumatoide o los anticuerpos anti-péptido cíclico citrulinado, y de imagen, como la radiografía, la ecografía o la resonancia magnética nuclear, pueden ayudar en el diagnóstico es imprescindible la valoración del cuadro clínico por parte de un médico experimentado en la evaluación de estos pacientes, preferiblemente el reumatólogo, para un correcto diagnóstico.

Además del tratamiento sintomático, es imprescindible, en todos los pacientes con artritis reumatoide el tratamiento con los llamados fármacos modificadores de la enfermedad que han demostrado mejorar la evolución de la misma a medio y largo plazo, acompañados, si es preciso, de corticoides en los momentos de mayor actividad inflamatoria. De ellos, el más ampliamente utilizado y con el que se suele iniciar el tratamiento es el metotrexate. El mayor conocimiento de los mecanismos moleculares que subyacen en la enfermedad ha permitido el desarrollo de fármacos dirigidos contra moléculas directamente implicadas en el proceso de la enfermedad en los últimos veinte años. Los fármacos biológicos, inicialmente, y los fármacos sintéticos dirigidos, más recientemente, la mayoría de las veces en combinación con el metotrexate, han supuesto una revolución en el tratamiento de los enfermos con artritis reumatoide.

"El mayor conocimiento de los mecanismos moleculares que subyacen en la enfermedad ha permitido el desarrollo de fármacos dirigidos contra moléculas directamente implicadas en el proceso de la enfermedad en los últimos veinte años".

Pero además, el desarrollo de estos fármacos ha transcurrido en paralelo con una también revolución en el manejo clínico de los pacientes. Así, el desarrollo de estrategias para una atención lo más precoz posible ante el conocimiento de que un diagnóstico y un tratamiento precoz mejora la evolución de la enfermedad en todo su recorrido, de estrategias de tratamiento por objetivo que obligan a decisiones terapéuticas si no se alcanza un objetivo previamente establecido y estrategias de seguimiento cercano del paciente mientras la enfermedad no esté adecuadamente controlada han contribuido, junto con la rápida ampliación del arsenal terapéutico, a que la perspectiva de la enfermedad actualmente sea muy diferente a la de hace, tan solo, veinte años.

Al tratamiento farmacológico hay que añadir las recomendaciones de una dieta sana y ejercicio saludable durante las fases de inactividad de la enfermedad así como tratamiento fisioterápico o psicológico en aquellas fases en las que el paciente los requiera.

Distintas entidades relacionadas con la reumatología como el American College of Rheumatology (ACR) o la European League against rheumatism (EULAR) han elaborado documentos para guiar y homogeneizar el manejo y tratamiento de los pacientes con artritis reumatoide. En España y promovida por la Sociedad Española se ha desarrollado recientemente, en 2019, GUIPCAR, la guía de práctica clínica para el manejo de pacientes con artritis reumatoide, dirigida no sólo a profesionales sanitarios relacionados con el manejo de la enfermedad sino también a enfermos y a todo aquel que quiera ampliar su conocimiento sobre la enfermedad.

"Al tratamiento farmacológico hay que añadir las recomendaciones de una dieta sana y ejercicio saludable durante las fases de inactividad de la enfermedad".

Aunque es evidente que el panorama de la enfermedad ha mejorado ostensiblemente en las últimas décadas, quedan áreas de oportunidad de mejora en algunos aspectos por lo que la comunidad reumatológica no cesa en su empeño de ampliar el conocimiento de los mecanismos implicados en el desarrollo de la enfermedad, y de desarrollar nuevos fármacos y estrategias de manejo y tratamiento de la misma que mejoren, en última instancia, la calidad de vida y el pronóstico de nuestros pacientes con artritis reumatoide.

 




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