Sabado, 27 de noviembre de 2021

Entrevistas30 de octubre, 2021

Pilar Casanovas: "Las bacterias de nuestro intestino son capaces de producir efectos en nuestro comportamiento y estado de ánimo"

Pilar Casanovas, farmacéutica y responsable del Dpto. de Formación de PiLeJe Pilar Casanovas, farmacéutica y responsable del Dpto. de Formación de PiLeJe

La farmacéutica y responsable de formación de PiLeJe, explica las claves para mantener una microbiota equilibrada y sana

Pharma Market/Teresa Rey

Pilar Casanovas, farmacéutica y responsable del Departamento de Formación de PiLeJe, impartió la charla "Microbiota y emociones" en el marco del Women 360º Congress, el Congreso de Salud, Bienestar y Empresa para Directivas y Empresarias, celebrado el pasado 26 de Octubre, en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona. A lo largo de su ponencia explicó de qué manera las bacterias del intestino impactan sobre nuesto estado anímico. Pharma Market ha podido hablar con la experta y nos ha contado todo lo relativo a este vínculo. 

¿Qué vínculo tiene la microbiota con las emociones?

Cada vez son más los estudios que hablan de la importancia de la microbiota y de la interacción de esta con nuestro sistema inmunitario y con nuestra salud en general. Se menciona con bastante frecuencia el estrés y su influencia en la digestión de los alimentos, pero también hay una cuestión que se está observando en la actualidad y que la investigación ya lo demuestra: las bacterias de nuestro intestino son capaces de producir efectos en nuestro comportamiento y estado de ánimo. Por tanto, que nos sintamos más sabios o más solos, depende de la microbiota intestinal. De hecho, los antojos alimentarios están también relacionados. Es decir, los antojos realmente son más una responsabilidad de la microbiota que de nuestro cerebro porque cada una de las bacterias del intestino se alimenta de cierto tipo de alimentos. Por ejemplo, las bifidobacterias y los lactobacilos se nutren especialmente de los vegetales y las frutas, mientras hay otras bacterias que les gustan más las grasas o las proteínas.

Cada vez son más los estudios que hablan de la importancia de la microbiota y de la interacción de esta con nuestro sistema inmunitario y con nuestra salud en general.

Por ello cuando hay un desequilibrio en la microbiota intestinal y dominan unas bacterias por encima de las otras es cuando se producen esos antojos alimentarios, que habitualmente son de azúcar. Al final, lo que esto significa es que “estamos” alimentando las bacterias no tan buenas de nuestra microbiota y eso va a repercutir en nuestro estado de ánimo.

¿Cuándo podemos hablar entonces de un intestino sano?

Un intestino sano implica que la microbiota se encuentra equilibrada y funciona normal. A esto nos referimos con el término de eubiosis. Es importante entender que hablar de eubiosis es referirse a muchas bacterias, en concreto a cerca de 100 millones de bacterias que tenemos en el intestino. Sin embargo, en este no solo hay bacterias, coexisten otros microorganismos como virus, arqueas, levaduras, hongos, etc. Aunque las que dominan y tienen un impacto sobre la salud son principalmente las bacterias, por eso nos centramos en estas siempre.

Un intestino sano implica que la microbiota se encuentra equilibrada y funciona normal.

Hay que partir, por tanto, de que en el intestino existen una gran cantidad de bacterias y todas ellas muy diversas. Por ello, es imposible encontrar un modelo de microbiota ideal como se está diciendo últimamente. Esto no es posible, entre otras cosas, porque nos falta todavía mucho por saber.

¿De qué depende tener una microbiota sana?

Depende de dónde vivamos, de la geografía que nos rodee, de las costumbres… Los seres humanos tenemos patrones de microbiota diferentes, y es por este motivo que microbiota saludable en una ciudad industrializada tendrá un patrón de bacterias muy diferente que la de un lugar con otro entorno distinto. Por ejemplo, si analizamos ese patrón en Burkina Faso (África) y lo comparamos con el de Italia, veremos que ambos no tienen nada que ver.

En las sociedades industrializadas es necesario disponer de un número importante de bifidobacterias, en cambio en sociedades más ancestrales como pueden ser tribus de Tanzania la microbiota saludable consiste precisamente en poseer pocas de estas bacterias.

¿Qué sucede cuando la microbiota se desestabiliza?

Cuando la microbiota está desequilibrada, entonces esa disbiosis, es decir, ese desequilibrio cualitativo y/o cuantitativo, produce inflamación y repercute en la permeabilidad de la mucosa intestinal, que aumenta. Esta mucosa es un filtro que permite el paso de nutrientes que necesitamos para vivir y de forma paralela frena la entrada de otras sustancias, toxinas, etc. Si aumenta su permeabilidad, esta deja de ser selectiva, y eso facilita el paso a elementos que no debería.

El sistema inmunitario que tenemos en el intestino en condiciones normales nos defiende de esas toxinas y de esas sustancias extrañas que producen inflamación. Ahora bien si la mucosa está dañada y la inflamación que provoca se perpetúa en el tiempo, esta condición va a irritar nuestro sistema nervioso. Sabiendo esto, cuando nos sintamos emocionalmente irritados, tendremos que pensar a quién estamos dando de comer de nuestra microbiota (si a las bacterias buenas o a la malas) y si la estamos haciendo enfadar o no.

Cuando la microbiota está desequilibrada, entonces esa disbiosis, es decir, ese desequilibrio cualitativo y/o cuantitativo, produce inflamación y repercute en la permeabilidad de la mucosa intestinal, que aumenta.

Entonces, ¿la microbiota afecta al cerebro y viceversa?

Sí, la comunicación es bidireccional. Toda la vida hemos dicho que el estrés se va a la barriga y produce alteraciones digestivas o cuando estamos enamorados, que afirmamos sentir mariposas en el estómago. Esa relación la conocemos. Hay muchos estudios de hace tiempo que han demostrado que por un mensaje que envía el cerebro al intestino, este envía nueve al cerebro. Así, la comunicación bidireccional intestino-cerebro es mucho más importante del intestino hacia el cerebro que al revés. Es cierto que el estrés provoca alteraciones digestivas, pero nueve veces más lo que pasa en nuestro intestino afecta a nuestro sistema nervioso, comportamiento, en definitiva, a nuestras emociones.

"La comunicación bidireccional intestino-cerebro es mucho más importante del intestino hacia el cerebro que al revés".

Por tanto, hay que cuidar por encima de todo lo que comemos para alimentar a las bacterias buenas y a las que producen bienestar. Las bifidobacterias, que son una de las familias dominantes de las bacterias de nuestro intestino, se alimentan de vegetales y de fibras, y producen un ácido graso de cadena corta que se llama butirato. El ácido butírico contribuye a nuestro estado anímico, aunque si no damos de comer a esas bacterias o las afectamos, eso repercute en cómo nos encontremos anímicamente.

¿Cómo podemos dañar a estas bacterias más allá de la alimentación?

Con los antibióticos, y este es un mensaje muy importante. Todo el que toma un antibiótico va a repercutir en su microbiota y especialmente en las bifidobacterias y los lactobacilos. En consecuencia, eso afecta a cómo nos hallemos emocionalmente, si la microbiota está desequilibrada se crea un ambiente proinflamatorio que llegará al cerebro en forma de picos de ansiedad, por ejemplo.

"Todo el que toma un antibiótico va a repercutir en su microbiota y especialmente en las bifidobacterias y los lactobacilos".

Otro punto a mencionar, es que estudios recientes han demostrado que la soledad está relacionada también con la pobreza de diversidad bacteriana. Esto lo podríamos relacionar con las sociedades más longevas y sería una reflexión muy bonita. Me refiero a Okinawa en Japón o Creta, etc., es decir, las que se denominan zonas azules del Planeta. Todas ellas, aparte de tener en común el consumo de vegetales, viven en tribu, porque dan importancia a las relaciones sociales, y estas implican diversidad bacteriana. Ahora que hemos estado en un periodo de aislamiento social, ha repercutido en la riqueza bacteriana, y eso sin contar los geles hidroalcohólicos, las mascarillas y que no nos tocamos. Todo eso va a tener consecuencias.

Probablemente, los niños nacidos de la generación COVID-19 posean una riqueza bacteriana menor porque han sido menos tocados, menos besados, etc. Si hay poca interacción social se nota en lo emocional. Al final, todo pasa por la microbiota que se ve afectada por la alimentación, por el estrés, por los medicamentos…

Probablemente, los niños nacidos de la generación COVID-19 posean una riqueza bacteriana menor porque han sido menos tocados, menos besados, etc.

¿Cuándo es necesario tomar probióticos?

Actuar sobre la microbiota es algo totalmente individualizado. Hay que tener en cuenta la historia clínica de cada persona y los factores de su vida diaria. Lo que es necesario explicar es que la ingesta de probióticos no tiene que ser de por vida. Hay que analizar la huella bacteriana de la persona, las patologías que presenta, el momento en el que se inicia el abordaje y los factores personales, entre otros aspectos.

En general, ¿qué podemos hacer para cuidar las bacterias del organismo?

Ahora que ya sabemos qué influye en nuestra microbiota, esto es, cómo comemos, el estrés, los medicamentos, si llevamos una vida sedentaria o no… Lo primero es ver cómo modificar estos hábitos porque esto ayudará a su vez a no tener que recurrir siempre a los probióticos. Se trata, por tanto, de mejorar la dieta, aunque también es vital aprender a gestionar el estrés, entre otras cosas.

¿Y cómo se consigue tener una alimentación saludable que la mantenga en equilibrio?

Una alimentación saludable significa aportar los nutrientes que necesita nuestro organismo para funcionar, pero también implica dar de comer a nuestras bacterias buenas. Eso es una alimentación saludable en la actualidad.

Hay personas que piensan en nutrientes concretos o cantidades determinadas, cuánto de hierro debo tomar o de Omega 3... Los estudios demuestran que el beneficio y la estabilidad de la microbiota intestinal se consigue con lo que aportan de por sí los alimentos. Así, no nos estresemos pensando en lo que comemos. Actualmente existen muchas tendencias dietéticas y tampoco podemos estresarnos con lo que ingerimos porque al final también desequilibramos nuestra microbiota. Tener una microbiota sana desde el punto de vista de la alimentación es simplemente mantener una alimentación rica, diversa, y me refiero a alimentos frescos, de proximidad, de temporada, de máxima calidad. Yo siempre hablo de comer sin etiquetas, proteína de calidad, vegetal y animal, y de forma moderada. Somos omnívoros, pero eso no implica comer siempre carne y de cualquier calidad.

"Tener una microbiota sana desde el punto de vista de la alimentación es simplemente mantener una alimentación rica, diversa".

La dieta omnívora quiere decir, una dieta muy diversificada, con verduras de colores, que aporte nutrientes diversos, pero desde el alimento completo… Nuestras necesidades nutricionales van más allá de las vitaminas o minerales que podemos aportar en la alimentación. Esta es la mejor manera de llegar a una microbiota diversa: comer alimentos enteros, insisto, completos y de calidad.

 




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