Viernes, 09 de diciembre de 2022

I+D10 de noviembre, 2022

Investigadores españoles hallan una variante genética que predispone a la delgadez y que está presente en el 60% de los europeos

cnio imdea investigación genes adelgazar Investigación sobre el vínculo entre los genes y el exceso de peso.

Científicos del CNIO e Imdea Alimentación dicen que esta novedad puede ayudar a un abordaje personalizado de la obesidad

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¿Cómo influyen los genes en el peso corporal? En la población general esta influencia se sitúa en un 20%. Al menos así, lo han constatado los estudios que han analizado el genoma completo de decenas de miles de personas en los últimos años. Esto significa que “el estilo de vida, los hábitos alimenticios y el ejercicio, tienen mucho impacto, pero los factores genéticos también”, explica la investigadora Nerea Deleyto Seldas, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).

Algunos de esos factores genéticos ya se conocen. De hecho, se han identificado alrededor de un centenar de variantes genéticas que aumentan moderadamente la probabilidad de tener un Índice de Masa Corporal elevado (el IMC, indicador habitual de sobrepeso y obesidad). Ahora, investigadores del CNIO e Imdea Alimentación acaban de identificar una nueva. Los resultados de su trabajo se han publicado en la revista Genome Biology, con Nerea Deleyto Seldas (CNIO) y Lara P. Fernández, del Instituto Imdea Alimentación, como primeras co-autoras.

Grasa acumulada

Las variantes de un gen son versiones ligeramente distintas de ese gen, que muchas veces no suelen traducirse en cambios visibles en el organismo. Pero en esta ocasión, sí. Esta variante recién descubierta afecta a la cantidad de grasa que acumula el cuerpo, y los autores del nuevo estudio muestran que es especialmente frecuente en Europa. Se estima que está presente en casi el 60% de la población europea.

Esta variante recién descubierta afecta a la cantidad de grasa que acumula el cuerpo, y los autores del nuevo estudio muestran que es especialmente frecuente en Europa.

Para Alejo Efeyan, jefe del Grupo de Metabolismo y Señalización Celular del CNIO, “el hallazgo supone un paso más en la comprensión de los componentes genéticos de la obesidad”. Por su parte,  Ana Ramírez de Molina, directora del Instituto Imdea Alimentación, considera que “el conocimiento de la implicación de la ruta de detección celular de nutrientes en la obesidad puede tener implicaciones en el desarrollo y aplicación de estrategias personalizada s en prevención y tratamiento de la obesidad”.

Nerea Deleyto-Seldas y Alejo Efeyan, en los jardines del CNIO. Laura Lombardía/ CNIO.

Genética y medidas corporales

El sobrepeso y la obesidad se definen por una acumulación anómala o excesiva de grasa que afecta a la salud. Para buscar variantes genéticas que influyen en el fenómeno, y las alteraciones metabólicas asociadas, un equipo de Imdea Alimentación recabó de 790 voluntarios sanos material genético y datos como el peso, el Índice de Masa Corporal, las cantidades de grasa total y visceral, la masa muscular y los perímetros de cintura y cadera, entre otros.

Los autores del estudio analizaron las posibles asociaciones de estos parámetros con 48 variantes genéticas determinadas, seleccionadas por su posible relevancia funcional. Detectaron así una “correlación significativa entre una de esas variantes en el gen FNIP2, y muchos de estos parámetros relacionados con la obesidad”, explica el informe.

Demostración en modelos animales

A continuación se analizó el efecto de esta variante en ratones, que previamente habían sido modificados genéticamente para lograr que la expresaran. “Comprobamos que los ratones con esta variante, asociada en personas a una constitución delgada, tienen entre un 10% y un 15% menos de grasa que sus homólogos no portadores”, matiza Efeyan.

En humanos no se puede aislar el efecto de esta variante del de otras muchas variables, genéticas y ambientales, que influyen en la constitución física, por lo que es imposible calcular con precisión la potencia de su efecto. Sin embargo, dado que la influencia de la genética en la obesidad no supera el 20%, la contribución de la variante ahora identificada es necesariamente pequeña.

En humanos no se puede aislar el efecto de esta variante del de otras muchas variables, genéticas y ambientales, que influyen en la constitución física, por lo que es imposible calcular con precisión la potencia de su efecto.

Por eso los investigadores usan términos como predisposición o tendencia: “No se trata, en absoluto, de que quienes tengan esta versión puedan comer en exceso sin engordar”, aclara Efeyan.

Los animales modificados genéticamente para este estudio no presentaron otras alteraciones ni diferencias. “Este resultado es muy impactante, porque muchos de estos estudios suelen ceñirse a reportar asociaciones; en este trabajo mostramos que basta el cambio de una sola letra en todo el genoma de ratón para replicar lo observado en la variante humana”, añade Efeyan.