Sabado, 19 de junio de 2021

Opinión3 de enero, 2021

"Aplicaciones para la mejora de la calidad asistencial en las UCI"

Rafael Mur, Services Modality Manager en Dräger.

Rafael Mur, Services Modality Manager en Dräger.

Pharma Market

Hasta ahora, la toma y análisis de datos que se realiza en el entorno sanitario se limitaba a los datos clínicos generados por los pacientes, su frecuencia cardiaca, saturación, presión arterial… También, en ocasiones, se almacenaban sus datos demográficos: edad, sexo, lugar de residencia, pero poco más.

Sin embargo, los dispositivos médicos generan mucha más información que no se aprovecha. Estos equipos registran continuamente datos técnicos que se almacenan internamente hasta que, con nuevos datos, se borran los anteriores.

Todos los nuevos equipos que fabrica Dräger pueden conectarse en red y compartir esos datos, lo que abre amplía notablemente las posibilidades de análisis y, así, mejorar los procesos clínicos e incrementar la eficiencia en la prestación de cuidados clínicos.

Gestión de alarmas

Una de las situaciones más complejas en las que estos nuevos servicios basados en la utilización de datos pueden ser de gran ayuda es en la gestión de las alarmas en los equipos de monitorización de una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

Diversos estudios han demostrado que, de promedio, pueden producirse hasta 350 alarmas al día en una cama de cuidados intensivos. De estas alarmas, hasta el 95% son clínicamente irrelevantes y, el resto, sólo se perciben adecuadamente en un 50%.

La "fatiga por alarmas", es un síndrome generado por este exceso de “ruido” y produce una disminución en la percepción de las alarmas relevantes. Así, este hecho se convierte en una de las mayores amenazas para la seguridad de los pacientes en el hospital. De hecho, el manejo de alarmas está listado en el Top 10 de los peligros de la tecnología de la salud de 2019.

Los resultados del estrés generado en los pacientes y en el personal sanitario tienen como consecuencia la reducción de los resultados de las terapias aplicadas, con el consiguiente empeoramiento de la situación de los enfermos. Por ejemplo, se interrumpen innecesariamente tareas importantes para atender a alertas irrelevantes y, además, se aumenta la insensibilización del personal de enfermería.

Los datos recopilados de los equipos de monitorización y de los respiradores permiten realizar un análisis de todas las alarmas que se han producido en una unidad, organizándolas por tipo, criticidad, tiempo de respuesta, fecha y hora en que se produjeron e incluso por cama. Sobre esta base, se pueden optimizar los procesos de trabajo, la configuración de las alarmas y la planificación del personal a fin de aumentar la eficiencia de la gestión de las alarmas y, en última instancia, reducir el estrés para el personal clínico y los pacientes.

Más importante aún es que proporciona indicadores que permiten mejorar continuamente el rendimiento del equipo, a través de planes de implantación de medidas concretas, el análisis de los resultados y la propuesta de nuevas mejoras.

Los resultados que se obtienen en este proceso son el correcto ajuste de los límites de alarma con la correspondiente reducción en el número de las mismas, la optimización de la gestión del personal, al detectar los momentos con picos de actividad, reducción de tiempos de reacción y, en general, la implantación de un proceso de mejora continuado que reduce el nivel de estrés del personal clínico y mejora en los resultados y la seguridad de los pacientes.




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